jueves, 11 de abril de 2013


PROGRAMA 2013
Historia social y cultural de la literatura I
  • FUNDAMENTACIÓN DE LA PROPUESTA


La propuesta pedagógica usa como punto de partida el documento de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Bs. As. para el diseño curricular de la enseñanza de la literatura en el Ciclo Superior de la escuela secundaria. Dos aspectos del documento resultan claves para abordar el espacio de Historia social y cultural de la literatura: a) la necesidad de transformar la enseñanza de la literatura en términos de un abordaje histórico y cultural que permita formar lectores que  se  relacionen de modo activo con los textos literarios; b) la concepción de la literatura propuesta hace énfasis en los circuitos de producción y circulación de los textos literarios, es decir propone pensar la trama de relaciones y discursos a los que apela todo texto. En este sentido es necesario plantear el carácter multirefencial de los textos literarios,  es decir la heterogeneidad de materiales que entraman un texto literario y de los cuales las diferentes teorías literarias enfocan, el texto refiere:
-       El objeto del discurso   lo que se cuenta o refiere.
-       Las otras palabras o enunciados en el interior mismo del relato, poema, formando redes y sistemas diversos.
-       Un estado específico del lenguaje  (registros diferentes, subcódigos  o lenguajes de ciertos sectores, diversidad de voces) en un momento histórico determinado.
-       La literatura: todo texto literario transporta los signos de lo literario  según concepciones que difieren histórica y socialmente.
-       Otros discursos literarios o no (como imitación,  estilización, parodia, cita, etc.)
-       El sujeto que lo emite (el lenguaje instituye la subjetividad, la historicidad y la posición de quien lo usa en el interior de las contradicciones sociales) y el destinatario.
-       Su propio modo de instituirse como relato, su génesis, condiciones, procesos, objetivos.
-       La realidad histórica y sus contradicciones de clase(  bajo la forma de “una ideología social”)
Cada una de estas referencias tiene sus modos y medios específicos de representación. “La imagen que puede dar  razón gráfica de este sistema es, más que la del espejo roto, la de un complejo aparato de óptica con diversos lentes de tamaños, curvaturas y posiciones múltiples, aplicado a las categorías lingüísticas (tiempos, modos, géneros, agentes, nombres) y a las categorías de la literatura (personajes, argumento, intriga)(...) en el análisis de los múltiples modos y formas de representación de la literatura anida el futuro y una de las razones de ser de la teoría literaria; esta tarea implica un trabajo social y un proceso histórico”[1].

2.2. Fundamentación del recorte elegido para abordar la relación literatura/ sociedad

La relación literatura /sociedad presenta un problema complejo, en tanto el lenguaje produce una mediación   “ socialmente constituyente”. Podemos desbrozar el problema en tres instancias: relación literatura / realidad; relación literatura / ideología; relación literatura / instituciones. Cada una de estas instancias es un eje del programa, trata de  relaciones históricamente variables, es decir que debemos analizarlas en términos de la cultura de una época determinada y  de textos específicos, en tanto los sentidos que producen se encuentran en procesos sociales cambiantes y concretos.
En el Siglo XX los medios de comunicación añaden una dimensión nueva al problema, el curso pretende incorporarla desde el vaivén que establece pensar la comunicación  y la sociedad; de modo que,  implica la noción de cultura como categoría para analizar y plantear la intertextualidad entre los medios de comunicación y  las  prácticas literarias. 
Los ejes de trabajo se establecieron con relación a conceptos, su análisis, debates y utilización en textos literarios; para articular todo el programa se utilizará un corpus de textos de la literatura latinoamericana   producidos en el campo de la discursividad que aborda la interculturalidad. El objetivo es especificar conceptos y modos de análisis que aborden la relación literatura/ sociedad; articularlos a textos concretos para conocimiento y compresión de los alumnos del curso, de tal modo de que el vínculo literatura y sociedad se transforme en un problema de  lectura crítica de los textos a ser utilizados en el aula escolar.


123. Marco  teórico

La propuesta del siguiente curso es pensar la literatura  como una práctica social específica, inscripta por sus mecanismos discursivos e institucionales  en los procesos históricos. Para abordar este núcleo problemático hemos elegido tres ejes que pretenden dar cuenta de los conceptos, discursos y debates que comprende la relación  literatura/ sociedad:
a)     Literatura/ realidad:- el material social en la literatura;
b)     Literatura/ ideología:- las condiciones sociales de la literatura;
c)     Literatura instituciones:-  las relaciones sociales en la literatura; cada una de ella constituyen un aspecto  que especifica un problema conceptual cuyo desarrollo es histórico.
            La diferenciación en los tres órdenes responde a un criterio pedagógico, pero no a una característica del objeto de estudio, puesto que son instancias en constante relación dialéctica, difícilmente identificables como unidades específicas, fuera del enfoque teórico.
Frente a la operación crítica más difundida, en el ámbito del enfoque sociológico,   que reconoce en la serie histórica, una identidad con lo literario, sin establecer mediaciones- como sucede con un texto clásico Historia social de la literatura y el arte de Arnold Hauser-, proponemos, pensar la relación en términos de Raymond Williams, quien afirma que el lenguaje es “ socialmente constituyente”[2].
 El lenguaje establece, en cada uno de los ejes señalados, un proceso de mediación; que articula la experiencia social de los sujetos: “ el modo de articulación es específico. Esto forma parte de la verdad que había captado el formalismo(...) una articulación específica de un significado. La lingüística formalista había acentuado este punto, pero no había distinguido que el proceso de articulación es necesariamente material y que el propio signo se convierte se convierte en una parte de un mundo material y físico (socialmente creado)”[3].                             
La elección de los textos se ha hecho a partir de su carácter “fundacional” en la literatura latinoamericana. La idea de proceso permite articular la dinámica de ruptura y continuidad en períodos históricos que ponen en evidencia las complejas relaciones entre política, cultura y economía, tanto a nivel latinoamericano como europeo. En este sentido se trabajará los discursos sociales de cada etapa a analizarr[4] y cómo se establecen “ monopolios de representación” en la literatura. Según Raymond Williams  “ la complejidad de una cultura debe hallarse no solamente en sus procesos variables y en sus definiciones sociales- tradiciones, instituciones y formaciones -, sino también en las interrelaciones dinámicas, en cada punto del proceso que presenta ciertos elementos variables e históricamente variados”[5]. Esta noción de dinámica cultural se vincula con  la categoría de hegemonía de Gramsci y nos permite formular una plataforma conceptual para analizar las variaciones culturales en términos de discursos emergentes  y, de esta manera especificar las condiciones de cambio cultural.
 Autores como Angel Rama, Jean Franco y Roberto Schwartz han desarrollado propuestas teóricas para sistematizar y periodizar la literatura latinoamericana, el mismo  concepto de “Literatura latinoamericana” resulta polémico a la hora de reflexionar sobre la constitución de un corpus. En este sentido se hará hincapié en la evaluación social de los textos, tanto en términos de legibilidad, recepción como de comunicación de discursos sociales e intertextualidad para focalizar el registro literario del discurso sobre la interculturalidad..
 
3.Destinatarios :
Alumnos y alumnas de primer año del Profesorado  en Lengua y Literatura.

4.- EXPECTATIVAS DE LOGRO:
  • Conocimiento de los fundamentos del análisis social e histórico de la literatura 
  • Fomento de la reflexión sobre el funcionamiento de la literatura en tanto manifestación principal de la actividad de simbolizar y de la comunicación humanas.
  • Conocimiento de los aportes de la crítica literaria para generar espacios de reflexión y conceptualización acerca de sus propias prácticas como lectores y escritores.
  • Observación de las herramientas teóricas para analizar los mensajes sociales producidos por las prácticas literarias.

5.-  PROPÓSITOS DEL DOCENTE:
GENERALES:
.- Estimular el desarrollo de una actitud crítica constructiva, que los conduzca al cuestionamiento permanente de cualquier conocimiento o forma de saber o actuación, a la luz de las intenciones e intereses subyacentes.
.- Que los estudiantes lleguen a comprender y valorar el trabajo de los profesores como profesionales de la enseñanza, así como los condicionamientos históricos, sociológicos, de género, políticos y culturales de la función docente.
.-  Ayudar a los alumnos a familiarizarse con las diversas tradiciones intelectuales más relevantes para el pensamiento y la práctica como profesionales, potenciando la construcción personal y grupal del conocimiento, reconociendo el valor de la teoría para comprender la práctica, y de la práctica para generar teoría.
.- Promover en los estudiantes valores de cooperación, democracia, respeto a las personas, tolerancia, compromiso, apertura, respeto a la diversidad, que les permitan actuar como profesionales con valores ciudadanos.
ESPECIFICOS:
- Que puedan fundamentar la práctica pedagógica a través de la reflexión crítica, la transferencia del saber teórico y la toma de decisiones. 
-generar situaciones donde los estudiantes se encuentren con una variada gama de textos, autores, géneros, estéticas, estilos, poéticas;
• construir ámbitos de intercambio de ideas donde los estudiantes como lectores puedan
expresar sus puntos de vista acerca de los textos y profundizar sus lecturas en diálogo con otros lectores;
• favorecer, tanto en las discusiones orales como en las prácticas de escritura donde se pongan en escena estos puntos de vista, la pluralidad de lecturas y opiniones de los estudiantes reflexionando sobre las diferentes formas de comprender los textos, sobre la diversidad de estrategias de lectura y de concepciones estéticas, etc, que cada uno pone en juego a la hora de leer;
• acompañar a cada estudiante en el encuentro con “su propio libro”, “su propio autor”, “su
propio estilo”, guiándolo en la elección de los textos, haciendo sugerencias específicas,
despertando el interés de los lectores como lo hace quien recomienda una obra;
• crear contextos adecuados para la lectura, no sólo físicos sino también relacionados con
los conocimientos y las actitudes: contar hechos de la vida de los autores y de las condiciones de producción de los textos, propiciar la búsqueda de información acerca de la época y las estéticas dominantes, como así también de las discusiones intelectuales

6.- ENCUADRE METODOLÓGICO:
  Metodología de trabajo:
- Exposición teórica del docente, fomentando la reflexión, el debate crítico y las preguntas de parte de los estudiantes, a fin de que puedan realizar lecturas comprensivas, respecto de textos con diferentes dificultades de acceso.
- Formulación de interrogantes y explicaciones sobre los procesos analizados.
- Reconstrucción de contextos necesarios para la comprensión de ciertos saberes.
-  Identificación de problemáticas.
-  Selección, análisis e interpretación de diversas prácticas discursivas.
- Planteo de un espacio pedagógico de interacción entre las ciencias del lenguaje y la literatura.
- Activación de sistemas de control y evaluación de las prácticas docentes.
- Trabajos prácticos con guías de análisis, de entrega obligatoria.
- Trabajos grupales: diseño y planificación de trabajos más extensos de investigación.
- Presentación oral de los mismos.
- Análisis y reflexión de las producciones.
            El “andamiaje” del docente llevará a conceptualizar las respuestas, a fin de lograr una comprensión teórica del fenómeno puesto en juego. Se los hará reflexionar sobre las diferentes teorías en relación con el lenguaje, y cómo operan en coyuntura respecto de las prácticas sociales escritas y orales en cada momento socio-histórico.



7.- RECURSOS:
Películas
Power Point
Blog
Textos de arte y cultura latinoamericana
Cuadros 


8.-  CONTENIDOS:
Título del Programa: El espacio social en la literatura Latinoamericana

1- ENCUADRE GENERAL
América Latina, entre la diversidad y la unidad.
Planteos, interrogantes y respuestas.

1.1. Tiempo y espacio. El doble eje: diacrónico y sincrónico (o transversal y horizontal, o histórico y geográfico-cultural.). Pérdidas, selecciones, redescubrimientos e incorporaciones.
1.1.1. Cómo periodizar el proceso histórico. Una opción: cuatro ciclos mayores: a) producción literaria prehispánica. Las culturas autóctonas previas a la llegada de los europeos; b) la transculturación del siglo XVI al XVIII: conquista y colonia; c) la independencia política y la formación de las nacionalidades en la primera mitad del XIX; d) la modernidad, coincidente con la irrupción de la estética modernista, de la segunda mitad del siglo XIX.
1.1.2. Lectura del mapa cultural latinoamericano. Elementos generales -geográficos, históricos, étnicos, lingüísticos, religiosos, etc.- que configuran las regiones, zonas o áreas. Así el Caribe, la zona andina, la mexicana, la rioplatense, la guaraní, etc.
Bibliografía mínima:
-García Márquez La soledad de América Latina (Discurso de aceptación del Premio    Nobel 1982-)
- Quijano , Aníbal ( 2000) “Colonialidad del poder y clasificación social” en     necesijournal of world-systems research, vi, 2, summer/fall 2000, 342-386
        Special Issue: Festchrift for Immanuel Wallerstein – Part I http://jwsr.ucr.edu

  2- UNA MIRADA DIACRÓNICA

2.1. Impronta de las culturas precolombinas
Ejes vertebradores: Incidencia de las culturas precolombinas en un sector de la literatura latinoamericana contemporánea. Resignificación de la cosmovisión mítica. 
Fragmentos del Pop-Wuj.
Miguel Ángel Asturias: “Leyenda del tesoro del lugar florido”.
Carlos Fuentes: “Chac-Mool”.
Rubén Darío: “Huitzilopoxtli”.
Julio Cortázar: “La noche boca arriba”.
Augusto Roa Bastos: “La excavación”
José María Arguedas: El sueño del Pongo
Augusto Monterroso: “El eclipse”.

2.2. Testimonio literario de los cronistas de Indias
Ejes vertebradores: La crónica como género discursivo. Influencia del género en el desarrollo de la literatura posterior. Áreas privilegiadas.
Fragmentos  de crónicas: Diario de Colón, cartas de Cortés, cartas deFray Bartolomé de Las Casas; Bernal Díaz del Castillo.

2.3. El Barroco y sus huellas
Ejes vertebradores: La cosmovisión barroca y el paisaje americano. Lo barroco como forma de expresar la desmesura. Lo barroco y lo Real maravilloso. Tesis de A. Carpentier.
Sor Juana Inés de la Cruz: Primero sueño (1692) y “Carta Athenagòrica”.
Alejo Carpentier: Concierto barroco.
             
2.4. La revolución modernista
De José Martí a Rubén Darío. Precursores y descendencia.
2.4.1. Transformaciones socioculturales a fines del siglo XIX.
2.4.2. Un modelo histórico: el programa de la generación del ‘80 en la Argentina. El trasfondo sociopolítico: aluvión inmigratorio, configuración de la clase media, surgimiento de la clase obrera. Hacia la profesionalización del escritor. Los ejemplos del periodismo y el teatro.
2.4.3. Arraigo y esplendor del ensayo durante el siglo XIX. La producción literaria de José Martí (1853-1895). Su poesía. Las crónicas y, en particular, lectura de “Nuestra América” en tanto contrapartida de la mirada sarmientina.

                                      

3- UNA MIRADA AL MAPA CULTURAL

. El área México

3.3. Narrar la revolución
Ejes vertebradores: La serie literaria de la revolución (1915-1955). Juicio a los intelectuales. Legalidades en pugna: una forma de denuncia. Entre la revolución y el Boom. Juan Rulfo: Pedro Paramo.

3.4. Debate sobre el indigenismo
Una zona. Literatura indigenista y zona andina. La secuencia peruana. El antecedente del Inca Garcilaso.. La poesía de Cesar Vallejo, la ensayística de José Carlos Mariátegui y la narrativa de José María Arguedas. Antropología y relato. El bilingüismo. La continuidad urbana.
El Sexto, José María Arguedas  

9-Cronograma ( estimado):
-       Meses de abril- mayo -: Módulo 1.
-       Meses de junio- julio - agosto: Módulo 2.
-       Meses de Septiembre-Octubre-Noviembre: Módulo 3


Textos de crítica literaria ( la docente indicará en clase su lectura  y facilitará las fotocopias)
Ana Pizarro (cord.) La literatura latinoamericana como proceso Bs. As., CEAL; 1985.
Jean Franco La cultura moderna en América Latina México, Grijalbo, 1985.
Angenot, Marc y Régine Robin “ Pensar el discurso social: problemáticas nuevas e incertidumbres actuales”. Un diálogo entre Ay B.” Apunte publicado por la Cátedra de Análisis y crítica de la Escuela de Letras de la Universidad Nacional de Rosario, 1998.
­­­Bourdieu, Pierre Campo de poder y proyecto creador, Folios, Bs.As., 1986.
Jitrik, Noé “ Producción literaria y producción social” en  Literatura y praxis social en América Latina, Monte Avila, México, 1975.
Mukarovsky, Jan Escritos de estética y semiótica del arte, Gustavo Gili,1977
Lotman,Jurij Semiótica de la cultura, Cátedra, Madrid, 1982.
Sarlo, Beatriz y Carlos Altamirano Literatura/ sociedad, Hachette, Bs.As.,1986.
Williams, Raymond  Cultura. Sociología de la comunicación y del  arte, Paidós,Barcelona, 1981 


10.- EVALUACION:
            Según la Resolución 1434/04 y en concordancia con el Plan institucional de Evaluación se elabora la siguiente propuesta:
       a)  Concepción sustentada:
            La concepción de evaluación en esta cátedra pone como fundamento lo procesual, la intervención unitaria y permanente, que posibilita analizar el proceso de enseñanza-aprendizaje, emitir juicios de valor y, a partir de ello, tomar decisiones adecuadas. Los instrumentos son trabajos prácticos diarios, de los que se ubicará una nota promedio, presentaciones a través del discurso oral de investigaciones grupales, que serán evaluadas con nota, parciales cuatrimestrales y examen final, en el que deberán integrar, relacionar y dar ejemplos prácticos del programa desarrollado, en lo que se refiere a lo conceptual y a las relaciones entre esos conceptos, en la práctica.
            Se realizarán diversas instancias de evaluación: del clima educativo, del alumno, del docente, de la realidad áulica, de la coherencia del espacio –conceptos, procedimientos, métodos, valores, normas y actitudes- con los lineamientos que rigen la institución y del estado del proceso enseñanza- aprendizaje.
       b)  Características de la evaluación:            
-          Inicial: Diagnóstica para activar los conocimientos previos y articular con los nuevos contenidos. Se considerarán las expectativas acerca de la asignatura y, sobre esa base, se observará la posibilidad de hacer modificaciones que contemplen los intereses y necesidades de los alumnos.
           Fecha aproximada: primeras tres semanas de clase.
-          Formativa o procesual: Durante todo el proceso de enseñanza- aprendizaje, con el objetivo de recoger información, detectando logros, avances y dificultades para retroalimentar la práctica y orientar a los alumnos en su proceso de aprendizaje, a fin de mejorarlo. Se considerará, especialmente, la participación activa en clase, el cumplimiento de lecturas y prácticos en las fechas fijadas, la calidad y pertinencia de los trabajos grupales e individuales. Se solicitará entrega de trabajos prácticos que serán revisados en forma grupal, a fin de que no queden dudas conceptuales y puedan servir a los estudiantes como guía, respecto de cuáles son los temas fundamentales, para los parciales. Se evaluará el marco teórico a través de un parcial por cuatrimestre.
-          Sumativa o final: al finalizar procesos a fin de poder constatar el nivel de logro alcanzado por los alumnos en los aprendizajes, otorgando información para futuras intervenciones.
      Los estudiantes rendirán un examen final, de integración de todos los temas, en el que presentarán como introducción un texto seleccionado por ellos en el que aplicarán análisis del discurso, textualidad y los enfoques de la pragmática y la teoría de la enunciación.            
Nota de aprobación: 4 (cuatro)
Fechas aproximadas: al finalizar cada Unidad Didáctica.
                                   Al finalizar el ciclo lectivo (Acreditación).

   c) Instrumentos de evaluación:
            Para obtener la información necesaria, se utilizarán determinadas herramientas que permitirán reconocer y registrar los grados y tipos de aprendizajes de los alumnos, instrumentos que reflejen las verdaderas capacidades. Los mismos se implementarán en distintos momentos del proceso de enseñanza- aprendizaje:

1.- OBSERVACIÓN SISTEMÁTICA:
      - Escalas de observación
      - Listas de control

2.- ANÁLISIS DE LAS PRODUCCIONES DE LOS ALUMNOS:
      - Mapas conceptuales.
      - Resúmenes (aplicación de macrorreglas).
      - Trabajos prácticos (de aplicación y síntesis).
      - Elaboración de informes.
      - Investigaciones.

3.- INTERCAMBIOS ORALES CON LOS ALUMNOS.
      - Diálogo.
      - Puesta en común.
      - Paneles.
      - Grupos de discusión.
      -  performances.

4.-   PRUEBAS ESPECÍFICAS:
        - Abiertas.
        - Exposición oral de temas.
        - Cuestionarios, guías de análisis.
        - Parciales.
        - Defensa oral de las problemáticas investigadas.

d) Criterios de evaluación:
    Los criterios de evaluación estarán en concordancia con los propósitos establecidos en el desarrollo del Espacio. Estos serán comunicados a los alumnos al inicio del ciclo lectivo –constarán en el Contrato Pedagógico-.
-          Actitud crítica y reflexiva frente a diferentes conocimientos o formas del saber.
-          Capacidad para captar significados implícitos.
-          Reconocimiento del valor de la teoría para comprender la práctica y de la práctica para generar teoría.
-          Razonabilidad en los sustentos teóricos-prácticos y en la argumentación -tanto orales como escritas-.
-          Autopercepción como profesional –rol docente- contemplados en el comportamiento, las destrezas, los hábitos, la tenacidad, la iniciativa y la superación.
-          Cooperación, autoevaluación, respeto por las opiniones ajenas, autocríticas y respeto a la diversidad.-

e) Propuestas de autoevaluación, coevaluación y metaevaluación:

           La autoevaluación requiere que se comparta con los alumnos un conjunto de criterios que permita constatar de manera permanente las fortalezas y debilidades propias, para constituir un óptimo aprendizaje. Esa participación activa del alumno le permitirá comparar sus progresos con los criterios establecidos, al mismo tiempo que asumirá una actitud de superación y mejora de su aprendizaje. Desde este Espacio el docente acompañará y apoyará esta instancia autoevaluativa sugiriendo y orientando de manera constante, durante todo el proceso educativo. Por lo antedicho, las devoluciones serán de extrema importancia, por medio de entrevistas personales, de modo tal que el alumno  formule juicios de valor en relación a su propio proceso de aprendizaje, sus motivaciones y sus futuros modos de accionar a fin de optimizar sus aprendizajes futuros.
           Con respecto a la coevaluación –aquélla en la que el grupo evalúa la marcha del proceso y, conjuntamente con el docente, reformulan y sugieren modos alternativos de trabajo- desde este Espacio se organizarán encuentros donde entre todos se evalúe lo que se considere como obstáculo, expresando libremente lo que perciben, lo que sienten en relación con ellos mismos, como así también su interacción con el docente y con el grupo de pares.

           El proceso sistemático de emisión de juicios del mérito o del valor de un objeto es la razón de la metaevaluación. Por ello, desde este Espacio se promoverán acciones de reflexión con los pares docentes para enfocar metodologías, instrumentos, criterios, descriptores e indicadores que mejoren y optimicen el proceso enseñanza-aprendizaje.
           Se realizará en forma conjunta con los profesores que integran el Profesorado de Lengua y Literatura, en las reuniones mensuales del Departamento, en que se analiza lo realizado y se proyectan actividades de docencia, extensión e investigación.

f-  Estrategias de devolución de resultados y sugerencias para la superación de dificultades:
           La devolución de los resultados obtenidos en las diferentes instancias evaluativas del alumno se realizará especificando logros, dificultades u obstáculos de modo personal e individual a cada alumno. El período de dicha devolución será dentro de los diez días a partir de la fecha de evaluación, tanto al alumno como a los preceptores. Esta difusión permitirá que el alumno tome conciencia de sus avances o retrocesos a la brevedad, pudiendo de ese modo llevar adelante nuevas acciones en su propio beneficio y con mayor celeridad.


12-Bibliografía General (en clase se indicará su pertinencia respecto al tema a tratar)

BERGERO, Adriana y REATI, Fernando (Comp). Memorias colectivas y politicas de
olvido. Argentina y Uruguay 1970-1990. Rosario, Beatriz Viterbo, 1997.
BEVERLEY, John. Del Lazarillo al Sandinismo. Estudios sobre la función ideológica
de la literatura española e hispanoamericana, Minneapolis, Institute for the Study of
Ideologies and Literatures,
1987.
---------------------. “Sobre la situación actual de los ´estudios culturales´”, en Mazzoti y
Cevallos Aguilar, Asedios a la heterogeneidad cultural. Homenaje a A. Cornejo Polar,
Philadelphia: Asoc. Internacional de Peruanistas, 1996, PP. 455 –474.
CANOVAS, Rodrigo E. “Nuevas voces de la novela chilena”, en Literatura chilena
hoy. La difícil transición. Frankfurt/Main Madrid, Vervuert, 2002.
CASTRO-GÓMEZ, S. y MENDIETTA (Coord.).Teorías sin disciplina.
Latinoamericanismo, poscolonialidad y globalización en debate. México, Univ.
of San Francisco, 1998.
CASULLO, Nicolás. Modernidad y cultura crítica, Buenos Aires, Paidós, 1998.
CORNEJO POLAR, Antonio. Sobre literatura y crítica latinoamericanas. Caracas,
Universidad Central de Venezuela. 1982.
------------------------------------- Escribir en el aire. Ensayo sobre la heterogeneidad
socio-cultural en las literaturas andinas, Lima, Horizonte, 1994.
-----------------------------------. “Una heterogeneidad no dialéctica: sujeto y discurso
migrantes en el Perú moderno”, en “Revista de Crítica Literaria
Latinoamericana”, Lima-Hanover, LXII, N° 176 –177, 1996, pp. 837 –844.
-----------------------------------. “Mestizaje e hibridez: los riesgos de las metáforas”. En
“Revista Iberoamericana”, Pittsburgh N° 180, Julio-Septiembre, 1997.
DE LA CAMPA, Román, América Latina: confección y marketing de un campo de
estudios” En “Revista de crítica literaria latinoamericana” Nº 51. Lima- Hanover,
1er semestre, 2000.
-------------------------------. Latinoamérica y sus nuevos cartógrafos: discurso
poscolonial, diásporas intelectuales y enunciación fronteriza” En: “Revista
Iberoamericana”, Pittsburgh, Nº 176-177. Julio/ Diciembre 1996.
DE ROSSO, Ezequiel, “Para leer Presentación del país McOndo y Manifiesto
Crack” Buenos Aires, OPFYL, 2004.
FERNÁNDEZ FRAILE, Maximino (2002). Literatura chilena de fines del siglo XX.
Santiago: Edebé.
FERNARDEZ RETAMAR, Roberto. Para una teoría de la literatura
hispanoamericana. La Habana, Casa de las Américas, 1995 (primera ed. de
1975).
GARCÍA CANCLINI, Néstor. Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la
modernidad, México, Grijalbo, 1989.
GARRAMUÑO, Florencia. Genealogías culturales. Argentina, Brasil y Uruguay en la
novela
contemporánea (1981-1991). Buenos Aires, Beatriz Viterbo, 1997
GIARDINELLI, Mempo. "Variaciones sobre la postmodernidad". Revista “Puro
Cuento”, 23, 182, 1990.
GONZÁLEZ, José Eduardo. “Los nuevos letrados: posboom y posnacionalismo”, en
“Revista Iberoamericana”, Pittsburgh, Volumen LXVII, Enero-Junio, N° 194-
195, 2001, pp. 175-190.
6
GRAS MIRAVET, Dunia. “Del lado de allá, del lado de acá: estrategias editoriales y el
campo literario de la narrativa hispanoamericana actual de España”, en “Cuadernos
Hispanoamericanos”. Nº 604. octubre 2000. 14-42.
JITRIK, Noé. Aventuras de la crítica. Escrituras latinoamericanas en el siglo XXI,
Córdoba, Alción, 2006.
JARA, René, y VIDAL, Hernán, Testimonio y Literatura. Minneapolis: Institute for the
Study of Ideologies and Literatures, 1996.
KALIMAN, Ricardo J. “Sobre la construcción del objeto en la crítica literaria
latinoamericana”. En “Revista de crítica literaria latinoamericana”. Nº 37, Lima-
Hanover, 1er semestre, 1993.
KOFMAN, Andrei. “El problema del realismo mágico en la literatura latinoamericana
En “Cuadernos Americanos” Nº 82 Año XIV. México, UNAM, 2000.
LIBERTELLA, Héctor. Nueva escritura latinoamericana, Caracas, Monte Ávila, 1976.
MANZONI Celina. Violencia y silencio. Literatura latinoamericana contemporánea.
Buenos Aires, Corregidor, 2005.
------------------------------. La fugitiva contemporaneidad. Narrativa latinoamericana
1990-2000. Buenos Aires, Corregidor, 2003.
MASIELLO, Francine. El arte de la transición. Buenos Aires, Norma, 2001.
MENTON, Seymour. La nueva novela historica de la America Latina, 1979-1992.
México, Fondo de Cultura Económica, 1993.
MORAÑA, Mabel (Ed.) Nuevas perspectivas desde/sobre América latina. Santiago, Ed.
Cuarto Propio/ IILI, 2000.
ORELLANA RIERA, Carlos. “¿Nueva narrativa o narrativa chilena actual?”, en Nueva
Narrativa Chilena, Santiago, Lom Ediciones, 1997.
ORTEGA, Julio. "La narrativa latinoamericana de la década del ochenta". “Revista
Iberoamericana”, Pittsburgh, 110-11: 161-165, 1980.
--------------------. El principio radical de lo nuevo. Posmodernidad, identidad y novela
en América Latina. México, Fondo de Cultura Económica, 1997.
PALERMO Zulma (coord). El discurso crítico en América Latina. Buenos Aires,
Corregidor, 1999.
---------------------------------. Desde la otra orilla. Pensamiento crítico y políticas
culturales en América Latina. Córdoba, Alción Editora, 2005.
PINEDA BOTERO, Álvaro. Del mito a la posmodernidad: la novela colombiana de
finales del siglo XX. Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1990.
PONS, María Cristina. Memorias del olvido. La novela histórica de fines del siglo XX.
México, SXXI, 1996.
RICHARD, Nelly . Residuos y Metáforas (Ensayos de crítica cultural sobre el Chile de
la Transición). Santiago, Editorial Cuarto Propio, 2001.
SKÁRMETA, Antonio. "Perspectiva de los novísimos", en “Hispamérica” N° 28,
1981, pp. 49-65.
VIDAL, Hernán (Comp.). Fascismo y experiencia literaria: reflexiones para una
recanonización. Minneapolis, Institute for the Study of Ideologies and Literatures,
1985.
----------------------- “La persistencia del subalterno”, “Revista iberoamericana”,
Pittsburgh, LXIX, 203, abril –junio 2003, pp. 335-342.



[1] Ver Josefina Ludmer,  Onetti. Los procesos de construcción del relato, Sudamericana, Bs.As.,1977,pág.12.
[2] Ver “ Lenguaje” Raymond Williams Marxismo y literatura,Península, Barcelona,1980.
[3] op. Cit 1 , pág. 51
[4] Me parece fundamental destacar la concepción de Marc Angenot de discurso social como “todo lo que se dice y escribe en un estado de la sociedad” (1998).

domingo, 27 de febrero de 2011

miércoles, 24 de noviembre de 2010

FINAL- 2010


MODALIDAD: individual ( quienes han aprobado con 7 0 más la cursada defiende el trabajo, los promedios inferiores defienden el trabajo y se les hará preguntas de todo el programa- los temas dados ). Los estudiantes libres deben entregar el trabajo y presentarse a examen oral y a escrito
FECHA DE ENTREGA: una semana antes de presentarse al examen final


-Realizar un análisis de uno de los siguientes textos:
La muerte de Artemio Cruz, Carlos Fuentes
El entenado, Juan José Saer

- Tener en cuenta las siguientes problemáticas.

- Tiempo (de la historia, la novela)
- Espacio
- Identidad y latinoamericanismo



Recomendaciones:
La redacción del texto deberá guardar las características de un texto académico:a) Estructura temáticab) Coherencia interna: relación entre los aspectos consideradosc) Consistencia interna: correcto orden en las proposiciones.
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domingo, 31 de octubre de 2010

"Calibán, icono del 98- Carlos Jauregui


"Calibán, icono del 98
A propósito de un artículo de Rubén Darío" (1)

Para Lucas

1898 fue un año fundamental en la redefinición de la identidad latinoamericana por los intelectuales de fin de siglo. El "destino manifiesto," la aplicación heterodoxa (2) de la doctrina Monroe y la tesis expansiva de Frederick Jackson Turner sobre las fronteras (1893), amenazaban no sólo a las Antillas; los intereses de los Estados Unidos (para usar la expresión de Teodoro Roosevelt) crecían en Centroamérica de manera peligrosa para la soberanía de sus repúblicas y la experiencia de Cuba ese año confirmaba los peores temores de la generación modernista. México, Cuba, Puerto Rico y Filipinas eran —en el momento cumbre del imperialismo expansionista que alcanzaría a Panamá unos años más tarde— los nombres de una geografía territorial, cultural y económica, inestable. En este contexto podemos leer la fiebre verbal y el arrebato hispánico de los modernistas que, confiados en el poder de la letra, declaraban (en términos Norte / Sur) la identidad continental de la que Martí llamó "Nuestra América" y Darío la "Unión latina."

La comprensión del momento se intentó nombrando la amenaza de diversas formas: utilitarismo, materialismo, barbarie, vulgaridad democrática, y oponiéndole el hispanismo (3) en sus versiones moral, racial y lingüística. Los referentes simbólicos de sus discursos fueron idílicos lugares comunes: la invocación de valores espirituales e idealistas, la latinidad que hacía a América "hija de España," "sobrina de Francia" y "nieta de Roma," y la lengua, que permitía la conexión con el pasado español.

El personaje Calibán de La tempestad (1611) de William Shakespeare, icono canonizado por José Enrique Rodó en su ensayo Ariel (1900), sirvió para la composición utópica del imaginario histórico en un presente conflictivo e inasible, y para impugnar el materialismo vulgar de los nuevos tiempos (4). La apropiación latinoamericana de los personajes del drama (Calibán, Ariel, Miranda, Próspero) es, sin embargo, generacional, modernista; antes de que la propusiera Rodó estaba ya en el imaginario de la época. Esta breve nota quiere introducir uno de los documentos que da cuenta de ello, un artículo de Rubén Darío que quedó más o menos sepultado entre su prosa periodística y que ha sido descuidado por la crítica (5): "El triunfo de Calibán" aparecido en El Tiempo de Buenos Aires (20 de mayo de 1898) y en El Cojo Ilustrado de Caracas (1 de octubre de 1898).

Dos años antes que Rodó lo hiciera, Darío —un Darío de 1898, visto tradicionalmente como el escapista y esteta de la "torre de marfil"— usaba con una retórica frontal la oposición Ariel / Calibán en su condena a los Estados Unidos, a propósito de la guerra de Cuba (6). Rodó, empero, establece una genealogía francesa (Ernest Renan) en la que no se halla Darío (7), ni tampoco el franco-argentino Paul Groussac, director de la Biblioteca Nacional, de quien —se dice— él y Darío habrían tomado la idea. Algunas exposiciones, en efecto, tienden a darle ese papel central a Groussac, lo cual es menester aclarar. El 2 de mayo de 1898, en el teatro La Victoria, en un evento patrocinado por el Club español de Buenos Aires a raíz de la guerra entre los Estados Unidos y España, Groussac se había referido a la agresión "yankee," y al cuerpo monstruoso (calibanesco) de los Estados Unidos, en medio de sus reflexiones sobre las bondades de la Conquista, las excelencias de la literatura española, y la observación sobre inmadurez de Cuba para la independencia [!]:

en el umbral del siglo XX ella [la civilización latina] mira erguirse un enemigo más formidable y temible que las hordas bárbaras. . . desde la guerra de Secesión y la brutal invasión del Oeste, se ha desprendido libremente el espíritu yankee del cuerpo informe y 'calibanesco'; . . . Esta civilización, embrionaria e incompleta en su deformidad, quiere sustituir la razón con la fuerza. . . No tiene alma, mejor dicho: sólo posee esa alma apetitiva que en el sistema de Platón es fuente de las pasiones groseras y de los instintos físicos (negrillas fuera del texto, Viaje intelectual 100, 101).

Antes de la publicación de Ariel y casi simultáneamente con la referencia citada de Groussac, Darío reintrodujo en "El triunfo de Calibán" el "personaje metáfora" que le permitiría articular ese alegato desgarrado en favor de una idílica cultura hispánica fundada en valores espirituales, contra el modelo igualitario y capitalista de los Estados Unidos (8). Cuatro años antes de los eventos del teatro La Victoria y del artículo que se publica, Darío ya había adelantado a Calibán en su semblanza de Edgar Allan Poe publicada en la Revista Nacional (9) en enero de 1894, que incluyera luego en Los raros (1896). Al comienzo de ésta hace un recuento de su viaje a la ciudad New York (1893) que recuerda bajo el acaloramiento y disgusto que le causaba "la sanguínea, la ciclópea, la monstruosa. . . capital del cheque" (14, 15), y anticipa al Calibán de su artículo de 1898:

"esos cíclopes..." dice Groussac; "esos feroces calibanes..." escribe Peladan. ¿Tuvo razón el raro Sãr al llamar así a estos hombres de la América del Norte? Calibán reina en la isla de Manhattan, en San Francisco, en Boston, en Washington, en todo el país. Ha conseguido establecer el imperio de la materia desde su estado misterioso con Edison, hasta la apoteosis del puerco (10), en esa abrumadora ciudad de Chicago. Calibán se satura de whisky, como en el drama de Shakespeare de vino; se desarrolla y crece; y sin ser esclavo de ningún Próspero, ni martirizado por ningún genio del aire, engorda y se multiplica; su nombre es Legión. Si por voluntad de Dios suele brotar de entre esos poderosos monstruos, algún ser de superior naturaleza, que tiende las alas a la eterna Miranda de lo ideal. Entonces Calibán mueve contra él a Sícorax, y se le destierra o se le mata. Esto vio el mundo con Edgar Allan Poe, el cisne desdichado que mejor ha conocido el ensueño y la muerte. . . . Poe, como un Ariel hecho hombre, diríase que ha pasado su vida bajo el flotante influjo de un extraño misterio. Nacido en un país de vida práctica y material, la influencia del medio obra en él al contrario (16,17,19).

David Allen (386) supone que "Chicago: la ciudad y la exposición" en Del Plata al Niágara (1897) de Groussac habría influido la nota sobre Poe de Darío. Según él, ese capítulo fue publicado en 1883 en un periódico —que no cita— en Buenos Aires. Aunque el texto está fechado en Octubre de 1883 y la hipótesis de Allen es interesante y muy probable, la noticia de publicación que tenemos es la de la edición de 1897 (Canter 12). Aún aceptando que el capítulo de Groussac hubiera sido publicado antes, la mención que allí aparece está referida a la belleza de Chicago que llama "canibalesca" (345), lo que de cualquier manera no tiene el alcance de la oposición binaria Ariel / Calibán; además. . . ¿No ignoraríamos que Darío declara a Peladan como su fuente cuando dice: "'esos feroces calibanes...' escribe Peladan"?

El Sãr, Joséphin Peladan (1858-1918), a quien Darío "leía con particular devoción" (Arciniegas 315), fue un novelista y ocultista francés en la corriente angelista (opuesta al Satanismo) y fundador de la orden Rose-Croix (1892), que gozaba de gran prestigio entonces (Pincus 2-9). Peladan había profetizado el triunfo del materialismo (Arellano 1996: 85) y de allí la conveniencia y pertinencia de la adopción de ese ícono que coadyuvaba la oposición al positivismo científico y al materialismo . La declaración de Darío sobre su fuente es clara y le queda a la crítica el rastreo de ese Calibán, hijo putativo de América, del espiritismo francés y de las ciencias ocultas a las que fue propenso el Modernismo (11).

Darío, se dijo, poco le debería en todo caso a la mención pasajera de Groussac sobre Chicago, aún en el caso de haber sido ésta publicada antes de 1894. Me inclino a pensar que hubo cierta simultaneidad en el uso de una metáfora afrancesada que estaba en el ambiente. Ahora bien, si se acepta como probable la deuda de Darío con Groussac, no sucede lo mismo con la supuesta influencia de Renan; no tenemos indicios que permitan una lectura extensiva de las fuentes de Ariel como si fueran las mismas de "El triunfo de Calibán."

"El triunfo de Calibán" fue reescrito a partir del texto de Los raros sobre Poe que, como se anotó, parece tener raíces en el espiritismo francés. Rodó, por su parte, no obstante que conoció Los raros (Balseiro 121) y muy probablemente había leído "El triunfo de Calibán" antes de escribir su Ariel, no menciona a Darío. Renan le sirve de autoridad "mejor" que el nicaragüense. Por otra parte aunque ambos ensayos tienen como presupuesto "los valores de la latinidad," el de Rodó difiere por su tono reposado y porque en él la oposición Ariel / Calibán es menos explícita. Ariel "presupone la amenaza de Calibán" (Ramos 217) pero no la hace manifiesta; el genio del aire se opone casi tácitamente a un escasamente mencionado Calibán.

El texto sobre Poe en Los raros contiene la mayoría de las asociaciones del alegato del 98: el "yankee" es el monstruo Calibán, un ser moralmente inferior que sucumbe al vicio de la bebida (12), y que reemplaza la razón con la fuerza, en contraste con Ariel que representa las alturas del espíritu; la bestia encarna el materialismo, una forma satánica del mal ("su nombre es Legión (13)") vinculada al modelo norteamericano cuyas ciudades son emblemáticas de la "civilización barbara" (oxímoron que conjuga los extremos de la proposición de Sarmiento); Miranda aparece como un eterno femenino virginal / maternal que extiende sus brazos al idealismo (14) "latino"; y por último, las excepciones confirman la regla: Poe y Lanier (quien "se salva "por la gota latina que brilla en su nombre") se baten contra —y existen a pesar de— un medio corrupto que ha quebrado la aristocracia del espíritu.

El discurso elitista de la crisis finisecular modernista no pensó la época fuera del antipragmático y aristocrático manifiesto de la latinidad. Esta visión del imperialismo "como una contradicción a la tradición hispánica, y un ataque a los fueros de la intelligentsia elevada por encima de la masa" (Moraña 67), es un síntoma del desencuentro de estos intelectuales con la modernidad (parafraseando una expresión de Julio Ramos) y una marca de los límites de su lectura de la cultura y la historia. Al nombrar su causa de identidad como la de la raza latina, acudían a una idea racista, de factura francesa y paradójicamente diseñada en el proceso de constitución del "botín americano (15)" que se disputaban potencias como Inglaterra, Francia y Los Estados Unidos, esos gigantes con botas de siete leguas —como decía Martí en 1891— que libraban una "pelea de cometas en el cielo" y que iban "por el aire dormido engullendo mundos" ("Nuestra América" 6: 15). A esta contradicción debe sumarse, en el caso de Darío, la inconstancia de la beligerancia espiritual "latina" contra el "imperio de la materia" y la "apoteosis del puerco" yankee; el latinismo que en 1898 concluye: "¡Miranda preferirá siempre a Ariel; Miranda es la gracia del espíritu; y todas las montañas de piedras, de hierros, de oros y de tocinos, no bastarán para que mi alma latina se prostituya a Calibán!," no resiste la lectura de los versos de "Salutación al águila" (1907): "Tráenos los secretos de las labores del Norte, / y que los hijos nuestros dejen de ser los rétores latinos / y aprendan de los yanquis la constancia, el vigor, el carácter."

Tres paradojas adicionales pueden ilustrar los límites del discurso calibánico del 98:

1. En el "El triunfo de Calibán" Darío insiste repetida y pródigamente en imágenes de consumición:

comedores de carne cruda. . . Comen, comen. . . la asechanza de la boca del bárbaro. . . el peligro que entrañan esas mandíbulas de boa todavía abiertas tras la tragada de Tejas; la codicia del anglosajón, el apetito yankee. . . ¿Qué diría hoy el cubano [Martí] al ver que so calor de ayuda para la ansiada Perla, el monstruo se la traga con ostra y todo?. . . Mas he ahí que del norte, parten . . . bocas absorbentes. . . a la vista está la gula del Norte, etc.

En "Invasión anglosajona: Centroamérica yanqui" (1902) denunciará de nuevo el apetito de los Estados Unidos justo antes de la intervención en Panamá y temiéndola en Nicaragua:

Un ministro de la República de Nicaragua —el señor Gómez— decía al célebre escritor colombiano Vargas Vila: "Que los americanos nos han de comer, es un hecho. No nos queda más que escoger la salsa con que hemos de ser comidos" (Escritos dispersos 142).

Sin embargo Darío, que tenía frente a sí esta imagen del imperio voraz, no relacionó a Calibán con el concepto o término "caníbal," más acorde con el campo léxico de su caracterización de los Estados Unidos. El anagrama, que suponemos obvio, no lo era tanto para Darío, o no del todo.

2. La resistencia humanista a la consolidación del poder hegemónico norteamericano y al imperialismo no encuentra un ícono en Calibán, como sucederá posteriormente con la avanzada contracolonial en el Caribe (Lamming, Cesaire, Fernández-Retamar). Darío y Rodó no se reconocen en el monstruo colonizado que maldice al usurpador, sino en Ariel (16).

Calibán maldice a Próspero en un gesto de rebeldía maniatado por el poder del invasor; Darío en 1898 se sabe, o se declara, sujeto de un heroísmo de la inutilidad, pero no reconoce en sus palabras el drama calibánico:

Pero hay quienes me digan: "¿No ve usted que son los más fuertes? ¿No sabe usted que por ley fatal hemos de perecer tragados o aplastados por el coloso? ¿No reconoce usted su superioridad?" Sí, ¿cómo no voy a ver el monte que forma el lomo del mamut? Pero ante Darwin y Spencer no voy a poner la cabeza sobre la piedra para que me aplaste el cráneo la gran Bestia. . .; pero no he de sacrificarme por mi propia voluntad bajo sus patas, y si me logra atrapar, al menos mi lengua ha de concluir de dar su maldición última, con el último aliento de vida.

Darío dirige su "panfleto cultural" (17) contra los Estados Unidos, no contra España (18) y, en este sentido, la identificación con Ariel, el sirviente del Próspero, es coherente con el papel instrumental del intelectual defensor de los intereses peninsulares.

3. De la pluma de Martí obtuvo Darío el material de una lectura intensa de los Estados Unidos (el lector de "El triunfo de Calibán" notará cierta intertextualidad, por ejemplo en los juicios severos a Blaine y a Gould), pero su defensa de España en las condiciones de ese momento era un alegato contra Cuba y contra la herencia política del cubano, pese a los golpes de pecho al final del texto (19).

Arturo Andrés Roig, hablando de Martí, Hostos, Darío y Rodó, dice que el discurso del 98 americano no es

expresado en lo que en la Península se llamó "literatura del desastre" o de la "decadencia española", expresión de la frustración histórica, de sentimientos injustificados de desaliento y derrota. ¿Cómo iban a lamentar los caribeños el fin de un imperio? Lo que sí habían de lamentar y lamentamos todavía, fue el remplazo de aquel por otro (135, 136).

Por lo que respecta a "El triunfo de Calibán" no se puede aceptar la tesis de Roig; ese discurso antiimperialista prestaba un servicio instrumental a la política exterior española (20) y su simpatía por la causa martiana es apenas sentimental: "Y yo que he sido partidario de Cuba libre, siquier fuese por acompañar en su sueño a tanto soñador y en su heroísmo a tanto mártir, soy amigo de España en el instante en que la miro agredida por un enemigo brutal." Darío lamenta el surgimiento del nuevo imperio, es cierto, pero no deja de hacer lo mismo por el fin del anterior.

Estos límites de la metáfora —el que no relacione Calibán / Caníbal, que no asocie Calibán / América, y/o que no extienda el "escenario conceptual" de La tempestad a España— pueden tener relación causal con las pobres herramientas del humanismo burgués para entender su tiempo allende su espiritualismo antipragmático, por ejemplo en términos económicos. Lo que se ha indicado respecto de Ariel, es decir, que no se detuvo en "las causas político-económicas del fenómeno imperialista" sino que se quedó en la resistencia axiológica programática (Moraña en Iñigo 660), puede bien hacerse extensivo a "El triunfo de Calibán."

La posición problemática de esta generación tiene su nudo en la pérdida de autoridad de su quehacer letrado y en el correspondiente intento por legitimar la literatura en la medida de su resistencia a los flujos de la modernización (Ramos 10), al tiempo que —para defender a una potencia decadente contra una emergente—, se permitía retozos eurocéntricos (21) como la construcción de un discurso de identidad con fuentes ideológicas en Shakespeare, en los ideólogos del imperialismo francés, o, en el mejor de los casos, en sus espiritistas.

Por ello Groussac, sin rubor, habla de la inmadurez de Cuba para la independencia y Darío trae a su monólogo a una España vetusta y no a la que libró una guerra contra los cubanos y que, de alguna manera, con su insistencia en conservar las colonias, sirvió a Cuba en bandeja a la intervención de los Estados Unidos: "la España que yo defiendo —decía— se llama Hidalguía, Ideal, Nobleza; se llama Cervantes, Quevedo, Góngora, Gracián, Velázquez; se llama el Cid, Loyola, Isabel; se llama la Hija de Roma, la Hermana de Francia, la Madre de América." Obviaba la España que hizo de la población civil de la isla un objetivo militar en la campaña de tierra arrasada del general español Valeriano Weyler en 1896.

"El triunfo de Calibán," en conclusión, tiene un valor representativo de los debates de la época y del imaginario del 98, de los alcances y límites del discurso frente a la modernidad, el imperialismo y la identidad continental, e indica el rumbo de la imaginación histórica generacional del fin de siglo. Cuando Rodó escribe su ensayo interpelando en su dedicatoria a "la juventud de América" parece mirar al futuro; en realidad cerraba, bajo el ropaje de propuesta de un deber ser, una época en agonía. Detrás de la grandilocuencia de ese texto, y de la vehemencia enconada del de Darío, estaba la misma frustración e impotencia, la de una generación que hizo un discurso utópico en las puertas de su Apocalipsis.

Carlos Jáuregui
University of Pittsburgh

Bibliografía

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Notas

  • Este artículo "Calibán: ícono del 98. A propósito de un artículo de Rubén Darío" y "El triunfo de Calibán" de Ruben Darío (Edición y notas) fueron publicados en Balance de un siglo (1898-1998). Número Especial, Coordinación de Aníbal González. Revista Iberoamericana 184-185 (1998): La investigación fue auspiciada por el Center for Latin-American Studies de la University of Pittsburgh. Agradezco los comentarios y sugerencias de Mabel Moraña.

  1. Esta breve nota sobre un momento (el modernista de Darío) en el itinerario laberíntico de Calibán en Latinoamérica se inscribe en un trabajo más amplio sobre las metáforas de identidad en el continente.

  2. Me refiero a la aplicación a la ofensiva iniciada por el Secretario de Estado James G Blaine, bajo la administración Garfield (1881-1883) durante la cual se decidió una nueva concepción de la doctrina Monroe en el marco de la carrera imperialista entre las potencias por territorios y mercado. Blaine ocupó el mismo puesto durante la presidencia de Harrison (1889-1893) y delineó allí los objetivos comerciales (y militares) de los Estados Unidos en el Caribe y Suramérica. Para una lista de los ideólogos del imperialismo norteamericano en la década de 1890 ver Daniel Rodríguez (5-21).

  3. El Pan-hispanismo desde mitad del siglo XIX le hacía juego a la nostalgia imperial peninsular (Reid 123) como la idea de la latinidad al liderazgo político internacional francés (ver nota 14).

  4. Para Fernández-Retamar, Calibán funciona como un "concepto-metáfora" (Spivak) o "personaje conceptual" (Deleuze y Guattari), ("Adios a Calibán" 79).

  5. Hacen menciones y referencias al texto: Arciniegas (315), Arellano (1982, 106; 1996, 83), Allen (387-89), Balseiro (120-21), Castells (165), Castro-Morales (en Rodó 152), Reid (195), Rodríguez-Monegal (80), Vaughan (147), Zabala (92-107), etc. De estos trabajos, el de Balseiro (1967) y el de Iris Zavala (1992), son los más extensos en su análisis.

  6. El 11 de abril el presidente William McKinley solicitó autorización al Congreso (obtenida días después) para intervenir en Cuba "para parar la guerra" entre España y los independentistas cubanos que la tenían prácticamente ganada.

  7. Así mismo ocurrió en el ensayo de Fernandez-Retamar, aunque una nota a pie de página aparecida en la edición de 1995 corrige la omisión (33).

  8. Recurrirá de nuevo a este motivo, aunque sin la centralidad del ensayo del 98, en "Los anglosajones" de Peregrinaciones: "Entre esos millones de Calibanes nacen los más maravillosos Arieles" (en Balseiro 126). El calibanismo es una clave de lectura de una serie de artículos y poemas que incluyen entre otros textos: "D.Q." (1899), "La invasión de los bárbaros del norte" (1901), "Invasión anglosajona: Centroamérica yanqui" (1902), "A Roosevelt" (1905) y "Salutación al Aguila" (1907).

  9. Arellano refiere esta publicación temprana (1996: 28).

  10. Esta alusión coincide con la de Groussac en Del plata al Niágara (1897) en donde llama a Chicago Porcópolis (298).

  11. Sobre esta relación, la credulidad de la época, y en especial la de Darío, ver "Espiritismo y modernismo" (Gullón en Schulman 86-122).

  12. A Calibán sólo lo doblega el vino que Esteban y Trínculo usan para domesticarlo (2024-25) y bajo cuya influencia los cree dioses convirtiéndose en "¡el más crédulo de los monstruos!" (2026) dispuesto a lamer los zapatos de Esteban (2029).

  13. Marcos 5:9.

  14. En el artículo del 98 dice: "Miranda preferirá siempre a Ariel; Miranda es la gracia del espíritu."

  15. El Panlatinismo en la segunda mitad del siglo estaba ligado a los intereses de la política exterior francesa que quería colocarse al frente de los países latinos y hacer contrapeso a las "naciones anglosajonas." Desde la década de 1850 esa idea tuvo defensores como Michel Chevalier (1806-1879) y Ernest Renan (1823-1892) que habían impulsado un modelo geoideológico que legitimaba la expansión económica de Francia y su patronazgo cultural. En Suramérica la idea resurge a partir de la década 1880 y es usada por los modernistas contra los Estados Unidos (Phelan 5-21).

  16. Darío probablemente no estaba al tanto, o no le interesaba, la lectura romántica de La tempestad hecha por William Hazlitt (1818) —a raíz de una discusión con Coleridge sobre la imputación que éste hiciera a los Jacobinos de ser usurpadores, bárbaros y calibanes— en que cuestionó el derecho del invasor "civilizado" y afirmó el derecho a resistir que asistía a Calibán, "the legitimate sovereign of the isle," contra "Prospero and the rest of the usurpers" (3: 207).

  17. Jameson usa esta expresión al hablar del "Calibán de Fernández-Retamar (6).

  18. Darío por momentos está respecto a Fernández-Retamar más cerca de lo que pudiera pensarse. Tiene una diferencia de tropos pero el sentido de su alegato es direccionalmente paralelo: el reclamo de una identidad y unidad latinoamericana, opuesta a la intervención y avance de los Estados Unidos.

  19. Esas simpatías pueden rastrearse en las celebraciones del "Descubrimiento" en las que él participó Darío en 1892.

  20. También puede pensarse en otros intereses como los del proyecto liberal Argentino que tenía la pretensión de erigir una potencia en el sur del continente: "Saenz Peña, el argentino cuya voz en el Congreso panamericano. . . demostró en su propia casa al piel roja que hay quienes velan en nuestras repúblicas por la asechanza de la boca del bárbaro." Esta lógica del contrapeso se repite en "A Roosevelt:" "Apenas brilla, alzándose, el argentino sol."

  21. Martí había denunciado este pensar en francés o en inglés o en el caso del ensayo que nos ocupa, pensar a Cuba desde Madrid ("Nuestra América" 6: 15-23).








Rubén Darío

Nuestros textos escolares llaman siglos de oro al XVI y al XVII; Juan Ramón Jiménez decía que eran de cartón dorado; más justo sería decir: siglos de la furia española. Con el mismo frenesí con que destruyen y crean naciones, los españoles escriben, pintan, sueñan. Extremos: son los primeros en dar la vuelta al mundo y los inventores del quietismo. Sed de espacio, hambre de muerte. Abundante hasta el despilfarro, Lope de Vega escribe mil comedias y pico; sobrio hasta la parquedad, la obra poética de San Juan de la Cruz se reduce a tres poemas y unas cuantas canciones o coplas. Delirio alegre o reconcentrado, sangriento o pío: todos los colores y todas las direcciones. Delirio lúcido en Cervantes, Velásquez, Calderón; laberinto de conceptos en Quevedo, selva de estalactitas verbales en Góngora. De pronto, como si se tratase del espectáculo de un ilusionista y no de una realidad histórica, el escenario se despuebla. No hay nada y menos que nada: los españoles viven una vida refleja de fantasmas. Sería inútil buscar en todo el siglo XVIII un Swift o un Pope, un Rousseau o un Laclos. En la segunda mitad del siglo XIX surgen aquí y allá tímidas manchas de verdor: Bécquer, Rosalía de Castro. Nada que se compare a Coleridge, Leopardi o Holderlin; nadie que se parezca a Baudelaire. A fines de siglo, con idéntica violencia, todo cambia. Sin previo aviso irrumpe un grupo de poetas; al principio pocos los escuchan y muchos se burlan de ellos. Unos años después, por obra de aquellos que la crítica seria había llamado descastados y "afrancesados", el idioma español se pone de pie. Estaba vivo. Menos opulento que el siglo barroco, pero menos enfático. Más acerado y transparente.

El último poeta del período barroco fue una monja mexicana: Sor Juana Inés de la Cruz. Dos siglos más tarde, en esas mismas tierras americanas, aparecieron los primeros brotes de la tendencia que devolvería al idioma su vitalidad. La importancia del modernismo es doble: por una parte dio cuatro o cinco poetas que reanudan la gran tradición histórica, rota o detenida al finalizar el siglo XVII; por la otra, al abrir puertas y ventanas, reanimó el idioma. El modernismo fue una escuela poética; también fue una escuela de baile, un campo de entrenamiento físico, un circo y una mascarada. Después de esa experiencia el castellano pudo soportar pruebas más rudas y aventuras más peligrosas. Entendido como lo que realmente fue --un movimiento cuyo fundamento y meta primordial era el movimiento mismo-- aún no termina: la vanguardia de 1925 y las tentativas de la poesía contemporánea están íntimamente ligadas a ese gran comienzo. En sus días, el modernismo suscitó adhesiones fervientes y oposiciones no menos vehementes. Algunos espíritus lo recibieron con reserva: Miguel de Unamuno no ocultó su hostilidad y Antonio Machado procuró guardar las distancias. No importa: ambos están marcados por el modernismo. Su verso sería otro sin las conquistas y hallazgos de los poetas hispanoamericanos; y su dicción, sobre todo allí donde pretende separarse más ostensiblemente de los acentos y maneras de los innovadores, es una suerte de involuntario homenaje a aquello mismo que rechaza. Precisamente por ser una reacción, su obra es inseparable de lo que niega: no es lo que está más allá sino lo que está frente a Rubén Darío. Nada más natural: el modernismo era el lenguaje de la época, su estilo histórico, y todos los creadores estaban condenados a respirar su atmósfera.

Todo lenguaje, sin excluir al de la libertad, termina por convertirse en una cárcel; y hay un punto en el que la velocidad se confunde con la inmovilidad. Los grandes poetas modernistas fueron los primeros en rebelarse y en su obra de madurez van más allá del lenguaje que ellos mismos habían creado. Preparan así, cada uno a su manera, la subversión de la vanguardia: Lugones es el antecedente inmediato de la nueva poesía mexicana (Ramón López Velarde) y argentina (Jorge Luis Borges) ; Juan Ramón Jiménez fue el maestro de la generación de Jorge Guillén y Federico García Lorca; Ramón del Valle Inclán está presente en el teatro moderno y lo estará más cada día... El lugar de Darío es central, inclusive si se cree, como yo creo, que es el menos actual de los grandes modernistas. No es una influencia viva sino un término de referencia: un punto de partida o de llegada, un límite que hay que alcanzar o traspasar. Ser o no ser como él: de ambas maneras Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos. Es el fundador.

Tomado de Octavio Paz "El Caracol y la Sirena", Cuadrivio, Editorial Joaquín Mortiz, S. A. , México, 1964.

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jueves, 7 de octubre de 2010

LA IDENTIDAD COMO POETICA DE LA EXISTENCIA-Gustavo Leyva



Ya algunos pensadores como José Gaos se preocuparon por comprender a Latinoamérica como una entidad no tanto geográfica sino más bien social, cultural e histórica, situada en el interior de Occidente y no fuera de éste ni mucho menos opuesta a él. Occidente constituye así un marco de referencia ineludible para todo aquel que se ocupe en precisar la peculiaridad de aquéllo que deba entenderse por "filosofía latinoamericana" (2). Debe destacarse en este sentido que los movimientos de independencia política y cultural con respecto a España y Portugal ocurridos a lo largo del siglo XIX, ejercerían una enorme influencia en la conformación de la filosofía y el pensamiento latinoamericanos. Estos movimientos estuvieron, entre otras cosas, animados por la búsqueda y definición de la identidad. Al interior - y como momento reflexivo de tales procesos surgiría una línea de pensamiento filosófico que se articularía no tanto en la forma sistemática que caracterizara a las grandes construcciones intelectuales de la tradición filosófica occidental, sino, más bien, de manera asistemática y/o antisistemática, al margen de toda suerte de pretensiones trascendentes y de fundamentaciones últimas. Se trata de un pensamiento que, en estrecha relación con la literatura, se ocupará de articular una reflexión a partir de los problemas planteados en ese momento por la historia, en particular aquéllos relativos a la identidad latinoamericana y su diferencia con respecto a la cultura y la historia de Europa occidental. Desde entonces, esta interrogación en torno a la identidad no ha cesado de plantearse una y otra vez en la filosofía y el pensamiento latinoamericanos.


La reflexión latinoamericana sobre la identidad ha cristalizado en obras ensa-yísticas de gran relevancia, situadas al interior de un vasto espectro que abarca desde los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (José Carlos Mariátegui, 1928) hasta La expresión americana (José Lezama Lima, 1957) pasando por la Radiografía de la Pampa (Ezequiel Martínez Estrada, 1933), Casa Grande e senzala (Gilberto Freyre, 1933), El Perfil del hombre y la cultura en México (Samuel Ramos, 1934) y El Laberinto de la Soledad (Octavio Paz, 1950), por citar tan sólo algunos de los ejemplos más destacados. Es claro que esta indagación sobre la identidad varía y se desplaza con ritmos distintos en cada una de las reflexiones arriba mencionadas. Algunas veces se trata de enfatizar la escisión, el desgarramiento constitutivo que caracteriza a la identidad cultural latinoamericana desde sus orígenes, en una meditación que se mueve libremente en diversos registros temáticos: desde la geografía hasta la historia pasando por la cultura, la psicología y la política - pienso en este sentido en Ezequiel Martínez Estrada. Otras veces se trata de una suerte de "caracterología" de lo latinoamericano y de su cultura, centrada sobre todo en los mecanismos psicosociales que subyacen a ciertos fenómenos sociales y culturales en el interior de un marco predominantemente psicológico (pienso aquí en Samuel Ramos) aunque con apuntes extraordinariamente agudos sobre la cultura y la historia. Esta reflexión sobre la identidad asume también en ocasiones la forma de una indagación histórica, sociológica y antropológica que busca comprender a aquélla en el marco de una entidad geográfica, ecológica, demográfica, econó-mica, social, cultural y aún psicológica, determinada con ayuda de instrumentos conceptuales provenientes de las ciencias sociales - y aquí tengo en mente sobre todo a Gilberto Freyre. Es posible asimismo ofrecer una respuesta a la pregunta por la identidad en el marco de un ensayismo literario en el que se entrelazan la reflexión político-moral, la literatura y la filosofía de la historia en el interior de un plexo en el que se crucen la antropología de la cultura en la dirección avanzada por la Völkerpsychologie alemana, la tradición moralista francesa que va desde Montaigne y La Bruyère hasta Valéry pasando por Montesquieu, Rousseau y Voltaire y, finalmente, aquella línea abierta en la península ibérica por figuras como Larra y continuada por los escritores de la llamada Generación del 98 (Ortega y Gasset, Unamuno, Azorín). En esta tercera línea pienso sobre todo en la obra de Octavio Paz (3).

Llama la atención el que en la reflexión orientada por esta interrogación en torno a la identidad latinoamericana se han planteado problemas a los que, por vías por entero independientes, se ha visto también llevada la discusión ética contemporánea. Aunque con otras modalidades, aquí también se observa un desplazamiento en el centro del interés que ha llevado a mantener una cierta reserva frente a la pretensión de ofrecer una fundamentación sistemática de normas y principios morales, para, en lugar de ello, pasar a ocuparse de cuestiones relacionadas con la identidad de los sujetos morales en el interior de aquellos horizontes históricos y culturales en los que se encuentran. Este desplazamiento tiene lugar en el interior de un movimiento que va desde la argumentación filosófica hacia la narratividad literaria. A continuación intentaré mostrar brevemente el carácter de este desplazamiento en sus líneas más generales.

Uno de los rasgos que caracterizan a las reflexiones éticas desarrolladas en la Modernidad es la pretensión por desarrollar y fundamentar una moral secularizada e independiente de toda suerte de supuestos míticos, religiosos y metafísicos. En efecto, uno de los elementos definitorios de la Modernidad es la pérdida del poder unificante de las imágenes del mundo. Ello se expresa en el plano de la ética en la imposibilidad de fundamentar normas y principios morales que poseen una pretensión de validez universal apelando a principios dogmáticos o metafísicos. Se destacan en este sentido tentativas contemporáneas como las de Marcus George Singer y John Rawls en el ámbito anglosajón, o las de Paul Lorenzen, Ernst Tugendhat, Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas en la discusión filosófica alemana. En todos ellos se advierte la preocupación por establecer las condiciones de posibilidad de los juicios morales que sea a la vez imparcial y racionalmente fundamentada, sin tener que apelar a supuestos metafísicos (4). Estas reflexiones se mueven, sin embargo, en el interior de una tensión que caracteriza a las reflexiones éticas modernas desarrolladas en la línea de Kant. En efecto, las propuestas situadas en la vertiente inagurada por el filósofo de Königsberg se caracterizan por la radicalidad de sus criterios de demostración y fundamentación tanto de los juicios teóricos como de los estéticos y prácticos. Ello se expresa en el ámbito de la filosofía práctica en una distinción clara, en una separación radical entre los problemas de fundamentación de normas y principios morales y los relacionados con su aplicación, centrándose básicamente en los primeros y desatendiendo los segundos (5). Es en razón de ello que estas propuestas se han mostrado una y otra vez incapaces para dar respuesta al problema de cómo aplicar normas universales - previamente fundamentadas - a situaciones particulares, es decir, a la cuestión de cómo pueden ser efectivamente realizados los ideales morales. Pues las normas así fundamentadas deben su validez general precisamente al hecho de que son capaces de resistir la prueba de su generalización, de su universalización, tan sólo en forma descontextualizada. Concebida exclusivamente como facultad de fundamentar normas, la razón práctica no puede sino abstraerse de todas aquellas peculiaridades que especifican a los casos singulares, a las situaciones concretas en que se encuentran los individuos cuando se enfrentan a problemas de tipo moral. De este modo, en su empeño por delimitar y fundamentar en el ámbito de la moralidad reglas de validez universal acerca de lo que debemos hacer, las éticas de corte kantiano, en sus versiones más extremas, parecen haberse desentendido de problemas que resultan de enorme relevancia para entender la complejidad de la vida moral.

Una tentativa tendiante a superar estas limitaciones no debe orientarse, me parece, a la búsqueda de una suerte de complemento de la perspectiva universalista mediante un análisis orientado a mostrar el modo en que la ley moral o el sentimiento del deber se encuentran siempre ya presupuestos en nuestras creencias morales ordinarias o en nuestras argumentaciones. Tampoco se trataría de mostrar que los fenómenos morales son parte del ámbito de lo inexpresable o que pueden ser situados en el difuso plano de la emotividad, de los sentimientos, de las actitudes y los valores como algo distinto del orden de lo fáctico. No pienso tampoco en una indagación orientada a determinar la especificidad del lenguaje moral que se caracterizaría por su prescriptivismo, como tampoco en una elucidación de la textura moral a partir de una intuición que pudiera mostrarse como evidente en la acción misma. Se trataría más bien de ver en qué forma puede articularse una reflexión postilustrada sobre el mundo de la vida moral que preserve, por un lado, la distancia crítica y reflexiva respecto a la moral implícita en las formas concretas de vida, pero que, al mismo tiempo, pueda atender a la amplitud y complejidad del mundo moral de las sociedades modernas, siempre irreductible a un único orden de explicaciones. Tal reflexión postilustrada deberá incorporar la dimensión relacionada con la aplicación de normas a situaciones y dilemas morales específicos, teniendo en cuenta la sabiduría práctica de los agentes morales - sabiduría vinculada siempre a contextos y horizontes culturales específicos. Además, deberá estar en la capacidad de dar cuenta de los problemas relativos a la felicidad y la vida buena en sus relaciones de tensión con la justicia, con los ámbitos de lo público y lo privado y, por supuesto, con la identidad de los sujetos morales. En este punto específico me parece claro que una de las formas en que puede devenir comprensible la identidad de un sujeto moral es precisamente a través de la narración de la génesis y desarrollo del punto de vista moral, esto es, del relato de la constitución del horizonte moral en que se encuentre, así como de las tensiones que lo atraviesan (6). Es en este sentido que la literatura se hallaría en condiciones de suministrar un aporte de extraordinaria importancia para una reflexión moral en la forma en que arriba se ha señalado. No se trataría, con ello, de rechazar el universalismo ético moderno, sino de comprenderlo desde una perspectiva históricamente adquirida en la cual es posible reflexionar sobre la vida moral y enfrentarse con los dilemas que la caracterizan. De la misma manera, tampoco se trataría de una reducción de la filosofía - en este caso la filosofía moral - a la literatura, en donde la primera terminara por confundirse con la segunda o de ser anulada por ésta. Se trataría, más bien, de ampliar lo que tradicionalmente se ha entendido bajo la denominación genérica de "Filosofía" mediante la incorporación de registros y órdenes discursivos, en este caso provenientes de la literatura, en un movimiento que escape a los falsos dilemas y a las oposiciones tradicionales establecidas entre el mitos y el logos, la retórica y la lógica, lo figurativo y lo literal, la metáfora y el concepto, la narración y la argumentación..

De este modo podría avanzarse hacia una comprensión de la importancia que posee la narración de la historia de un argumento, de la perspectiva moral de un individuo o de una sociedad entera en el interior de un horizonte cultural y de vida concreto para la adecuada comprensión y resolución de los problemas morales. Desde esta perspectiva, la literatura adquiere una especial significación en lo que respecta a la comprensión y esclarecimiento de los problemas relacionados con la identidad. Ello se advierte, y con ello me sitúo nuevamente en el interior de la tradición ensayística latinoamericana, en la obra de un pensador como Octavio Paz.


Ya el psicoanálisis freudiano había subrayado la necesidad de construir narrativas del proceso de autocreación de cada individuo, en donde éste pueda redescribir su pasado y, de esa manera, reescribirse y rehacerse continuamente a sí mismo. En Freud, al igual que en Nietzsche o en Proust, se asigna una enorme importancia al bosquejo de narrativas del propio desarrollo individual al igual que de la cultura y de la tradición en las que se vive. En virtud de estas narrativas, el presente es concectado tanto con el pasado (lo que se ha sido) como con el futuro (lo que se desea ser), en un proceso de continua redescripción que tiene como objetivo bosquejar la imagen de la clase de persona que se desea llegar a ser, así como del tipo de sociedad en que se quiere vivir (7). Estas narrativas no son suministradas únicamente por aquéllo que comúnmente se designa como "Filosofía". Ellas abarcan, como ya se ha dicho, géneros como la sociología, la historia, la etnología y la literatura, particularmente la novela. Es en este sentido que por ejemplo Octavio Paz en El Arco y la Lira, retomando una idea avanzada por Jakob Burckhardt, caracteriza a la novela como la épica de la sociedad moderna. En este género ambiguo en el que se entrecruzan la confesión y la auto-biografía, al igual que la épica y el ensayo filosófico, no se procede como en el reporte científico ni tampoco exactamente como en la narración que realiza un historiador. Al revivir un instante, el novelista no opera como el historiador que relata un suceso, sino que recrea un mundo siriviéndose del ritmo del lenguaje y de las virtudes transmutadoras de la imagen. "Su obra entera - escribe Paz - es una imagen. Así, por una parte, imagina, poetiza; por la otra describe lugares, hechos y almas. Colinda con la poesía y con la historia, con la imagen y la geografía, el mito y la psicología" (8). La novela oscila permanentemente entre la prosa y la poesía, entre el concepto y el mito. "Ambigüedad e impureza le vienen de ser el género épico de una sociedad fundada en el análisis y la razón, esto es, en la prosa" (9). De acuerdo a Paz, la oposición entre el mundo de la novela moderna y el mundo de la poesía antigua puede observarse en forma clara en la diferencia entre Dante y Balzac. La Divina Comedia es un canto a la creación; La Comedie Humaine, por su parte, es más bien descripción, análisis; la historia de una clase en ascenso, de sus crímenes y pasiones. Se trata de una obra que participa a la vez de la enciclopedia y la epopeya, de la creación mítica y de la patología, de la crónica y del ensayo histórico, de la investigación científica al igual que de la crítica y la utopía. La sociedad se ve a sí misma en sus creaciones literarias en prosa y, alternativamente, se diviniza y se examina; se canta, pero también se juzga y se condena; se expresa, se critica y autocritica, se describe y redescribe constantemente a sí misma, como lo muestra, según Paz, la tradición novelística francesa desde Laclos hasta Proust (10).

Las descripciones y representaciones que los sujetos y la sociedad realizan de sí mismos en la novela o en la autobiografía se sitúan, pues, en el interior del plexo hermenéutico, interpretativo que caracteriza a toda existencia humana. Se trata, pues, de una labor de interpretación y reinterpretación que los sujetos y las sociedades realizan constantemente de sí mismos, de la vuelta reflexiva sobre sus deseos, intenciones, representaciones e imágenes, de una reflexión interpretativa que, como se ha dicho, se realiza siempre en el interior de un horizonte cultural, social, moral e histórico específico y que es constitutiva en la definición de la identidad. Esta aparece así como una construcción que se articula en y por las descripciones y redescripciones que los sujetos y las sociedades realizan de sí mismos, en este caso a través de sus representaciones en la literatura en prosa, concretamente en la novela.


Hay, sin embargo, un fenómeno de enorme significación que Paz advierte en el desarrollo de la novelística en el siglo XX: se trata de la introducción de la poesía en la novela. Esta tendencia se observa, según Paz, en Joyce, en Proust y en Kafka, lo mismo que en Faulkner y Jünger o, agregaría por mi parte, en Rulfo y Cortázar. Tendencias análogas pueden ser mostradas también en el teatro de autores como Strindberg e Ibsen (11). Es ello lo que le permite a Paz concluir que "...la lucha entre prosa y poesía, consagración y análisis, canto y crítica, latente desde el nacimiento de la sociedad moderna, se resuelve por el triunfo de la poesía" (12). Este movimiento desde la novela hacia la poesía comporta un desplazamiento desde la interpretación hacia la revelación y la creación, desde una hermenéutica hacia una poética de la existencia humana.


De acuerdo a Paz la experiencia religiosa, la mítica y la poética mantienen un origen común. Todas ellas son experiencias que remiten al orden de lo sagrado, a algo que no puede ser reducido a razones ni integrado en conceptos, a algo que acaso puede ser expresado solamente mediante imágenes y paradojas, a algo que se experimenta, en fin, con una mezcla de horror y fascinación: "Ante los dioses y sus imágenes sentimos simultáneamente asco y apetito, terror y amor, repulsión y fascinación" (13). Este horror que despierta lo sagrado brota de la extrañeza radical que lo caracteriza, de la experiencia de soledad y desarraigo en el mundo que provoca. Lo sagrado es, pues, una experiencia de anulación del orden establecido de identidades, sea del mundo objetivo, sea del subjetivo. En palabras de Paz: "esto que está frente a nosotros - árbol, montaña, imagen de piedra o de madera, yo mismo que me contemplo - no es una presencia natural. Es otro. Está habitado por lo Otro. La experiencia de lo sobrenatural es experiencia de lo Otro" (14). El mundo aparece así como un "ideograma numinoso de lo Otro". La experiencia de lo sagrado muestra al hombre en ese continuo proyectarse hacia algo que no se es, sea en la forma del deseo (Freud), de la temporalidad (Heidegger) o de la otredad (Machado) (15). Ella revela la condición paradójica del hombre, remitido constitutivamente hacia la otredad. La experiencia de lo sagrado es, pues, la experiencia de la contingencia y la finitud del acontecer humano (16). "El hombre ha sido arrojado, echado al mundo - escribe Paz. Y a lo largo de nuestra existencia se repite la situación del recién nacido: cada minuto nos echa al mundo; cada minuto nos engendra desnudos y sin amparo; lo desconocido y ajeno nos rodea por todas partes" (17). Esta es la situación humana original, "...el estar ahí, el sabernos arrojados en ese ahí que es el mundo hostil e indiferente- y del hecho que la hace precaria entre todos: su temporalidad, su finitud" (18). Es precisamente esto lo que se expresa, de acuerdo a Paz, en la palabra poética. En ella se revela la otredad y, en esa medida, la contingencia y finitud que son constitutivas de la existencia humana.

La Poesía no es entonces sino recreación y, a la vez, revelación de esta experiencia originaria. Entendido de esta manera, el acto poético no constituye tanto una interpretación, sino más bien una revelación de nuestra condición. "La poesía, dirá Paz, no es un juicio ni una interpretación de la existencia humana [...] expresa simplemente lo que somos; es una revelación de nuestra condición original..." (19). Se trata, pues, de una poética de la existencia humana que subraya el proceso de construcción de identidad de los sujetos, entendido como una constante invención. De esta manera, el sujeto "..no es aquél que parte al descubrimiento de sí mismo, de sus secretos y de su verdad oculta; es [más bien] aquél que busca inventarse a sí mismo (qui cherche à s'inventer lui-même). [La] modernidad no libera al hombre en su propio ser; más bien lo fuerza a la tarea de elaborarse a sí mismo (la tâche de s'élaborer lui-même)" (20). En este punto se enlaza el movimiento de interpretación y construcción del sujeto a través de un acto hermenéutico con el de creación mediante el acto poético que enfatiza la dimensión estética de esta invención. La modernidad nos invita, pues, a la innovación y la experimentación, a la diseminación y la proliferación, al uso creativo del lenguaje en la búsqueda de redescripciones del sujeto de modo que éste pueda comprenderse como el resultado de una creación compleja y se revele en un cierto sentido como una obra de arte.

NOTAS

1 Las reflexiones presentadas en este trabajo se conciben como deudoras de varias discusiones sobre la cultura y el pensamiento latinoamericanos con Patricia Baquero, Miriam Madureira, Elizabeth Millán, Santiago Castro-Gómez, Gerardo Villegas y Alonso Silva.

2.Para esto y para lo que a continuación sigue, véase Gaos, J. "Pensamiento de lengua española" (1942-1943) en Gaos, J., Obras Completas, Vol. VI, UNAM, México, 1990, pp. 31-106.


3.Cfr., la introducción de Enrico Santí a Paz, O. El Laberinto de la Soledad, Ed. de Enrico Mario Santí, Ed. Cátedra, Letras Hispánicas, Madrid, 1993.


4.Cfr., Habermas, J., "Diskursethik. Notizen zu einem Begründungsprogramm" in: id., Moralbewußtsein und kommunikatives Handeln, Suhrkamp, Frankfurt am Main, 1983.


5.Cfr., Tugendhat, E., "Antike und moderne Ethik" en: id.., Probleme der Ethik, Philipp Reclam, Stuttgart, 1987.


6.Cfr., MacIntyre, A. After Virtue, Notre Dame, 1981 y Taylor, Ch., Sources of the Self, Harvard Univ. Press, Cambridge, Mass., 1989.


7.Cfr., Rorty, R., Contingency, irony, and solidarity, Cambridge University Press, Cambridge, 1989

8.Paz, O., El Arco y la Lira. El Poema.La Revelación poética. Poesía e Historia, F:C.E., México, 1a. edición 1956. Se cita de acuerdo a la primera reimpresión (1970).


9.Paz, O., El Arco y la Lira, p. 225.


10.Cf. ibidem., p. 229.


11.Cfr.,Paz., ibidem.


12.Paz, O., ibidem, p. 231.


13.Paz, O., ibidem.., p. 125.


14.Paz, O., ibidem., Op. cit., p. 129.


15.Cfr., Paz, O., ibdem, Op. cit., p. 136.


16.Cfr., Paz, O., ibdem, Op. cit., p. 144.


17.Paz, O., ibidem.


18.Paz, O., ibdem., Op. cit., p. 147.


19.Paz, O., ibdem., Op. cit., p. 148.


20.Foucault, M., „Qu'est-ce que les Lumières", en: Foucault,M. Dits et Écrits 1954-1988, Vol. IV 1980-1988, Gallimard, Paris,1994, p.571.